Pascua (des)confinada

El domingo de Pascua es tradicionalmente una ocasión para reunirse con la familia alrededor de la mesa para celebrar la renovación interior que Cristo nos enseñó con su ejemplo. Debido al momento histórico por el que estamos pasando, este almuerzo de Pascua será mucho más íntimo. En este momento en que nos vemos obligados físicamente a distanciarnos los unos de los otros, donde sentimos la nostalgia de nuestros seres queridos, donde a veces experimentamos la falta de aquellos que han pasado a la otra dimensión, ¿por qué no aprovechar la oportunidad para sumergirnos en el corazón de nosotros mismos, en nuestro Cristo interior, para poder realmente encontrarnos? En este espacio sagrado del corazón donde se encuentra su presencia, las distancias se anulan y podemos conectarnos con todas las personas que nos gustaría que estuvieran a nuestro lado.
¿Por qué no, con motivo de la Pascua, añadimos un plato más a la mesa para nuestro Cristo interior o, en su defecto, colocamos en la mesa un objeto simbólico que nos lo recuerde? Su presencia nos conectará con esta interioridad que nos lleva de vuelta al corazón de las cosas, donde nuestra conciencia ignora las distancias. Entonces, cuando finalmente llegue el momento de abandonar nuestros hogares, estaremos listos para recibir a otros con un corazón renovado y un verdadero espíritu de reconciliación.

El sonido de las campanas festivas nos invita a dar la bienvenida a este regreso a la vida que tanto anhelamos y a traernos de vuelta a esta vibración Divina de Cristo que reside en nosotros. Nuestro deseo, para esta Pascua, es que podamos sentirnos renovados en el abrazo de Cristo para encontrar allí el ímpetu del cambio profundo que requiere el tiempo presente.

Bernard y Angy

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